17 de noviembre de 2022
16 de noviembre de 2022
Centenario de José Saramago

“Al
fin se encendió la señal verde y los coches arrancaron bruscamente, pero
enseguida se advirtió que no todos habían arrancado. El primero de la fila de
en medio está parado, tendrá un problema mecánico, se le habrá soltado el cable
del acelerador, o se le agarrotó la palanca de la caja de velocidades, o una
avería en el sistema hidráulico, un bloqueo de frenos, un fallo en el circuito
eléctrico, a no ser que, simplemente, se haya quedado sin gasolina, no sería la
primera vez que esto ocurre. El nuevo grupo de peatones que se está formando en
las aceras ve al conductor inmovilizado braceando tras el parabrisas mientras
los de los coches de atrás tocan frenéticos el claxon. Algunos conductores han
saltado ya a la calzada, dispuestos a empujar al automóvil averiado hacia donde
no moleste. Golpean impacientemente los cristales cerrados. El hombre que está
dentro vuelve hacia ellos la cabeza, hacia un lado, hacia el otro, se ve que
grita algo, por los movimientos de la boca se nota que repite una palabra, una no,
dos, así es realmente, como sabremos cuando alguien, al fin, logre abrir una
puerta, Estoy ciego.
[…]La
ocurrencia había brotado de la cabeza del ministro mismo. Era, por cualquier
lado que se la examinara, una idea feliz, incluso perfecta, tanto en lo
referente a los aspectos meramente sanitarios del caso como a sus implicaciones
sociales y a sus derivaciones políticas. Mientras no se aclarasen las causas,
o, para emplear un lenguaje adecuado, la etiología del mal blanco, como gracias
a la inspiración de un asesor imaginativo la malsonante palabra ceguera sería
designada, mientras no se encontrara para aquel mal tratamiento y cura, y quizá
una vacuna que previniera la aparición de casos futuros, todas las personas que
se quedaran ciegas, y también quienes con ellas hubieran tenido contacto físico
o proximidad directa, serían recogidas y aisladas, para evitar así ulteriores
contagios que, de verificarse, se multiplicarían según lo que matemáticamente
es costumbre denominar progresión geométrica. Quod erat demonstrandum, concluyó el ministro. En palabras al
alcance de todo el mundo, se trataba de poner en cuarentena a todas aquellas
personas, de acuerdo con la antigua práctica, heredada de los tiempos del
cólera y de la fiebre amarilla, cuando los barcos contaminados, o simplemente
sospechosos de infección, tenían que permanecer apartados cuarenta días, Hasta ver.
[…] Ahora hay que decidir dónde los metemos, señor ministro, dijo el presidente
de la Comisión de Logística y Seguridad, nombrada al efecto con toda prontitud,
que debería encargarse del transporte, aislamiento y auxilio a los pacientes,
De qué posibilidades inmediatas disponemos, quiso saber el ministro, Tenemos un
manicomio vacío, en desuso, a la espera de destino, unas instalaciones
militares que dejaron de ser utilizadas como consecuencia de la reciente
reestructuración del ejército, una feria industrial en fase adelantada de
construcción, y hay también, y no han conseguido explicarme por qué, un
hipermercado en quiebra, Y, en su opinión, cuál serviría mejor a los fines que
nos ocupan, El cuartel es lo que ofrece mejores condiciones de seguridad,
Naturalmente, Tiene, no obstante, un inconveniente, es demasiado grande, y la
vigilancia de los internos sería difícil y costosa,[…]”
José Saramago, Ensayo
sobre la ceguera
#Nuestrosalumnosrecomiendan Ensayo sobre la ceguera
9 de noviembre de 2022
5 libros de Luis Landero
Premio Nacional de las Letras Españolas (2022)
El escritor Luis Landero ha ganado
el Premio Nacional de las Letras 2022 "por ser un
extraordinario narrador, creador de numerosas ficciones con personajes y
atmósferas de gran expresividad y excelente escritura recuperando la
tradición cervantina con dominio del humor y la ironía e incorporando con
brillantez el papel de la imaginación".
Seleccionamos 5 obras que nos parecen
imprescindibles para acercarse a este magnífico novelista:
Digno heredero de la tradición cervantina,
irrumpe en la literatura española con Juegos de la edad tardía (1989),
una novela protagonizada por un héroe desdichado con la que consiguió el Premio
Nacional de Narrativa y el Premio de la crítica en 1990.
Gregorio Olías es un oficinista gris que ya ha enterrado todos sus anhelos de una intensa vida amorosa e intelectual cuando, un día, conoce por teléfono a Gil, hombre modesto, maduro también, que, lentamente, consigue resucitar en Gregorio sus sueños juveniles. Y, en un fascinante ejercicio quijotesco, tiene lugar la metamorfosis de Gregorio en Faroni, personaje triunfador, culto, apuesto y audaz en el amor.
Otra
característica de sus novelas es el elemento autobiográfico, presente en El
guitarrista (2002) o en sus obras El
balcón en invierno (2014. Premio Libro del Año del Gremio de
Libreros de Madrid) o El
huerto de Emerson (2021), donde se combinan con el elemento
literario: estos dos últimos libros son un viaje a su propio pasado a través de
los recuerdos y las lecturas de su propia vida.
Su obra más exitosa ha sido, sin duda, Lluvia fina, una novela sobre los oscuros sentimientos y resentimientos que puede albergar cualquier familia.
Tras mucho tiempo sin apenas verse ni tratarse, Gabriel decide llamar a sus hermanas y reunir a toda la familia para celebrar el 80 cumpleaños de la madre y tratar así de reparar los viejos rencores que cada cual guarda en su corazón, y que los han distanciado durante tantos años.
24 de octubre de 2022
Día de las Bibliotecas 2022
![]() |
Cartel conmemorativo de
la ilustradora y autora de cómics gallega Xulia Vicente. |
BiblioTEcuida
La edición de este año, bajo
el lema “BiblioTEcuida”, se centra en destacar el papel de las bibliotecas
de diferente tipología como espacios libres y abiertos que, a través de sus
diversos servicios y recursos, se preocupan por atender las necesidades de sus
usuarios:
La promoción de la lectura
es la primera de ellas: las bibliotecas son espacios para la lectura. Una
lectura que acompaña, que entretiene y que enriquece.
Una lectura que cura: la
lectura tiene un impacto directo tanto en el desarrollo y mantenimiento de las
capacidades cognitivas como en el bienestar y la salud mental. Las actividades
de biblioterapia llevadas a cabo por bibliotecas están ayudando a mejorar la
salud de las personas que participan en ellas.
En el medio rural, los
bibliobuses acercan la cultura a sus habitantes y las bibliotecas son un núcleo
a partir del cual las comunidades rurales se fortalecen y crean arraigo,
cuidando por tanto esas poblaciones.
Además, las bibliotecas
cuidan tanto el acceso a la información como su veracidad, desempeñando un
papel frente a los bulos y la desinformación.
Por ello son un apoyo necesario
para la formación, el aprendizaje y la investigación. También son una ayuda
imprescindible para profesores, estudiantes e investigadores, asistiendo a la
comunidad educativa y contribuyendo al fomento de la investigación científica.
Por último, las bibliotecas
también cuidan y protegen nuestro patrimonio documental para que podamos
legarlo a las generaciones futuras.
17 de octubre de 2022
Día de las escritoras 2022
“Un año más recuperamos la
palabra de mujeres escritoras que en sus textos reflejan sentimientos,
búsquedas y luchas. Mujeres valientes cuya obra, en muchas ocasiones, ha sido
ignorada. Rescatar hoy su voz es un acto de justicia y reconocimiento hacia
todas ellas.[…] El lema de este año es un homenaje al papel fundamental que han
cumplido en situaciones de conflicto bélico y ayuda a reflexionar y contemplar
con otros ojos una situación de sufrimiento, pero también de generosidad y
compromiso”.
Ana Santos Aramburo, directora de
la BNE
Este año os proponemos una selección de textos de algunas novelas de autoras españolas que han escrito sobre las guerras y han reflexionado sobre las mujeres que viven y sobreviven a ellas, en circunstancias tan diferentes como estas que a continuación os presentamos:
Blanca Álvarez, Palabras de pan
"Por un instante, Santiago piensa que las
mujeres de su vida le han regalado, entre otros muchos presentes, la sabiduría.
Comenzando por las oraciones profanas de aquella abuela cubana y melancólica;
la madre, fuerte como una torre, que preparó su pobre maleta de cartón y lo
animó a buscar otras tierras cuando su padre, pescador, no regresó del mar: la
frágil maestra, su Alondra, que inundó su vida con libros y amor… Y ahora, una
niña ciega y desconocida capaz de extraer de su alma reseca un nuevo estertor
de esperanza.
Las mujeres.
Sabe que el mundo siempre estará en deuda con ellas, capaces de engendrar vida y arroparla, de cultivar trigo y amasar pan, de curar con sus manos y su vigilia, de poner risa y esperanza sobre las ruinas y el desastre. Capaces de conducir hacia la salida del laberinto. Las mujeres.”
Almudena Grandes,
Episodios de una guerra interminable:
Inés y la Alegría
“Dolores piensa en él todos los días, todas las noches, a todas horas, y siempre lleva alguna foto suya encima. Aunque, quizás, sus fotos son muy distintas de las que llevan en el monedero otras personas en la misma situación, y en todas hay un estrado, una mesa, unos micrófonos, un retrato de Marx, otro de Lenin, y demasiada gente alrededor. Quizás, ni siquiera tiene una foto a solas con él, una foto clandestina, relajada, en la sobremesa de una comida o ante un mirador, esas fotos panorámicas de mala calidad que suelen hacerse los amantes ante la balaustrada de un puente o la silueta de una montaña, el brazo de él sobre el hombro de ella, dos sonrisas idénticas y nada más, fotos de esas que tiene todo el mundo. Alguna tendría o quizás no, quizás ni siquiera eso, y sólo puede mirar sus recuerdos, repasar una y otra vez las imágenes congeladas, inmóviles, cada vez más pálidas, de aquel amor que floreció bajo las bombas para reflejarse en el espejo de su propia inquietud.”
Ana
Alonso, Los colores del tiempo
“Estaba en ello cuando llamaron al timbre y, sin esperar a que le dieran
paso, entró la inspectora, doña Mercedes.
Era la primera vez que Adela la veía en
persona, porque la acababan de nombrar. Se trataba de una mujer alta, con el
cabello castaño peinado en ondas y facciones algo masculinas. El conjunto
granate que llevaba era de corte muy moderno, como los que se veían en las
películas americanas más recientes. Caminaba y gesticulaba con desenvoltura.
—Adela Cruz. Ya tenía yo ganas de conocerla —saludó, estrechándole brevemente
la mano—. Me han hablado mucho de usted. Niñas, siéntense mientras hablo con su
maestra. Saquen todas el libro y los cuadernos y pónganse a repasar.
Las niñas se miraron unas a otras. Lucía dejó la pizarra y corrió a su pupitre.
—Es que no tienen libro —explicó Adela—. Como es un barrio humilde, cuesta mucho
que las familias se gasten el dinero, así que utilizamos otros métodos.
—La escuela sin libros. —La inspectora la miró frunciendo levemente sus finas
cejas—. Una metodología muy moderna.
—Usamos mucho los libros, de todas formas —se
justificó Adela, y guio a la mujer hacia el armario con cristalera que hacía
las veces de biblioteca—. Todos los días leemos en voz alta.
—¿Y qué leen?
—Un poco de todo. El Quijote, fábulas…
Mientras Adela hablaba, doña Mercedes abrió el
armario de los libros y comenzó a examinarlos.
—El Catecismo también, supongo.
—Por supuesto. Todos los días.
La inspectora levantó la vista hacia Adela.
Sus largas pestañas oscuras le otorgaban a su mirada una intensidad
aterciopelada.
[…]
Siguió paseando por la clase, despacio, mirándolo todo. Sus tacones resonaban
contra el ennegrecido suelo de madera.
—Lo tiene bastante limpio —observó.
—Las niñas barren la escuela con serrín todos
los días. Y los pupitres los fregamos una vez al mes. A no ser que caiga alguna
mancha de tinta. Entonces, procuramos limpiarla enseguida.
Adela caminaba detrás de doña Mercedes, pendiente de sus movimientos. La
inspectora se detuvo ante uno de los carteles con muestras caligráficas que
decoraban las columnas.
—¿Los ha hecho usted?
—Sí. Distintos tipos de caligrafía, para que
las niñas practiquen.
La inspectora asintió con una mueca aprobadora que casi llegaba a ser una
sonrisa.
—¿Y tiene material? ¿Le hace falta algo? No he visto en su mesa la palmeta.
—Se cayó un día a la estufa —contestó una de
las niñas.
[…]
—¿Es verdad? —preguntó con una sonrisa irónica—. ¿Quemó la palmeta?
Adela le sostuvo la mirada.
—Pues sí. Debió de ser un día que no tiraba la
estufa y no teníamos nada más para quemar. Ya sabe que algunas veces nos mandan
bastante escaso el carbón. Hay que aprovechar lo que se pueda.
La respuesta sonó a mofa, y Adela intentó suavizarla con una sonrisa. No entendía por qué había dicho aquello; le había salido así, sin pensar. Debería haberse limitado a asentir, sin dar ninguna explicación.”
Podéis encontrar estas y otras novelas, también ambientadas en diferentes guerras, en la vitrina del vestíbulo de la biblioteca:
26 de septiembre de 2022
Ruta literaria por REINO UNIDO e IRLANDA
Las vacaciones ya han terminado, pero la biblioteca os propone seguir viajando a través de los libros. Con motivo de la celebración del Día europeo de las Lenguas y como nuestro instituto imparte los programas British Council y la Sección Bilingüe en Inglés, nuestro primer recorrido literario será de la mano de los principales escritores de Reino Unido y de Irlanda y lo haremos a través de tres formatos: la versión original, la traducción al castellano y diferentes adaptaciones, para que todos podáis encontrar la manera que se ajusta mejor a vuestro nivel o a vuestras preferencias lectoras. Estos son algunos de los títulos y autores seleccionados:
19 de septiembre de 2022
Javier Marías. 'In memoriam'
Con la muerte de Javier Marías, la literatura española ha perdido a uno de los
escritores más importantes de los últimos 50 años. Con una amplia trayectoria: novelista,
columnista, editor y traductor, profesor entre otras en la Universidad de
Oxford y en la Complutense de Madrid o miembro de la Real Academia Española, nos
deja una extensa obra, traducida a 46 lenguas. Para acercaros a su legado, hemos
escogido el cuento “La canción de Lord Rendall” recogido en su obra Mientras
ellas duermen, del que os ofrecemos algunos sugerentes extractos:
Quería darle la sorpresa
a Janet, así que no le comuniqué el día de mi regreso. Cuatro años, pensé, son
tanto tiempo que no importarán unos días más de incertidumbre. Saber un lunes,
por medio de una carta, que llego el miércoles le será menos emocionante que
saberlo el mismo miércoles al abrir la puerta y encontrarse conmigo en el
umbral. La guerra, la prisión, todo aquello había quedado atrás. Tan
rápidamente atrás que ya empezaba a olvidarlo. Estaba más que dispuesto a
olvidarlo en seguida, a lograr que mi vida con Janet y el niño no se viera
afectada por mis padecimientos, a reanudarla como si nunca me hubiera ido y
jamás hubieran existido el frente, las órdenes, los combates, los piojos, las
mutilaciones, el hambre, la muerte. El miedo y los tormentos del campo de
concentración alemán. […]
No sabía si estaban en
casa. Me llegué hasta la puerta de atrás y contuve el aliento, ávido de
sonidos. Fue el llanto del niño lo primero que oí, y me extrañó. Era el llanto
de un niño pequeño, tan pequeño como era Martin cuando yo me fui para el
frente. ¿Cómo era posible? Me pregunté si me habría equivocado de casa, también
si Janet y el niño se podrían haber mudado sin que yo lo supiera y ahora vivía
allí otra familia. El llanto del niño se oía lejano, como si viniera de nuestro
dormitorio. Me atreví a mirar. […]
Janet debía de estar en
el dormitorio, calmando a aquel niño, quienquiera que fuese y si ella era ella.
Iba ya a desplazarme hacia la ventana de la izquierda cuando se abrió la puerta
del salón y vi aparecer a Janet. Sí, era ella, no me había equivocado de casa
ni se habían mudado sin mi conocimiento. Llevaba puesto un delantal, como había
previsto. Llevaba siempre puesto el delantal, decía que quitárselo era una
pérdida de tiempo porque siempre, decía, había que volver a ponérselo por algo.
Estaba muy guapa, no había cambiado. Pero todo esto lo vi y lo pensé en un par
de segundos, porque detrás de ella, inmediatamente, entró también un hombre.
[…]
Parecían enfadados, con
uno de esos momentáneos silencios tensos que siguen a una discusión entre
marido y mujer. Entonces Janet se sentó en el sofá y cruzó las piernas. Era
raro que llevara medias transparentes y zapatos de tacón alto con el delantal
puesto. Se echó las manos a la cara y se puso a llorar. Él, entonces, se agachó
a su lado, pero no para consolarla, sino que se limitó a observarla en su
llanto. Y fue entonces, al agacharse, cuando le vi la cara. Su cara era mi
cara. El hombre que estaba allí, en mangas de camisa, era exactamente igual que
yo…



























.png)




















