31 de marzo de 2014

Centenario de Octavio Paz

  “Todo lo que soñé dura un minuto
y es un minuto todo lo vivido.”

   Hoy se cumplen cien años del nacimiento del poeta y pensador mexicano Octavio paz, autor de obras tan conocidas como El laberinto de la soledad o Libertad bajo palabra. Su voz crítica se alza en defensa del ser humano y manifiesta su preocupación por el hombre, por la política, por el arte, por la creación poética y por todo lo mexicano. Su poesía se inscribe, según sus propias palabras, “dentro de la tradición de la literatura moderna, que es una literatura de exploración y de invención”. Sirvan de ejemplo estos poemas visuales:


   Octavio Paz era un hombre contradictorio, inconformista, vivaz, que nunca se paraba, aunque siempre tenía presente su país natal. Nació en Ciudad de México en 1914. De niño, vivió una temporada en Estados Unidos, adonde volvería muchas veces a lo largo de su vida. Estudió Derecho y Filosofía y Letras. En 1936 se trasladó a España para combatir en el bando republicano durante la guerra civil. Entre 1943 y 1945 vivió en Nueva York y San Francisco, luego se instaló en París, como diplomático, y en 1952 viajó por India y Japón. Entre 1962 y 1968 fue embajador de México en la India, cuya cultura le marcaría notablemente. Dio clases en universidades estadounidenses; fundó revistas de la relevancia de Plural, Taller poéticoVuelta; escribió ensayos y, sobre todo, poesía. Obtuvo el premio Cervantes en 1981 y el Nobel de Literatura en 1990. Todo ello lo convierte en un poeta fundamental.
   Lo recordamos a través de sus versos con dos reflexiones sobre la creación poética y la poesía:
     HERMANDAD
                                        Homenaje a Claudio Ptolomeo
Soy hombre: duro poco
y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
también soy escritura
y en este mismo instante
alguien me deletrea.

      LA POESÍA
                                   A Luis Cernuda
[…]Insiste, vencedora, 
porque tan sólo existo porque existes, 
y mi boca y mi lengua se formaron 
para decir tan sólo tu existencia 
y tus secretas sílabas, palabra 
impalpable y despótica, 
sustancia de mi alma.
Eres tan sólo un sueño, 
pero en ti sueña el mundo 
y su mudez habla con tus palabras. 
Rozo al tocar tu pecho 
la eléctrica frontera de la vida, 
la tiniebla de sangre 
donde pacta la boca cruel y enamorada, 
ávida aún de destruir lo que ama 
y revivir lo que destruye, 
con el mundo, impasible 
y siempre idéntico a sí mismo, 
porque no se detiene en ninguna forma 
ni se demora sobre lo que engendra.
Llévame, solitaria, 
llévame entre los sueños, 
llévame, madre mía, 
despiértame del todo, 
hazme soñar tu sueño, 
unta mis ojos con aceite, 
para que al conocerte me conozca.


Para escuchar al propio Octavio Paz recitando sus poemas: 
                                     Grabación 1
                                     Grabación 2

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