La
literatura ha abordado en reiteradas ocasiones el tema del progreso desde
distintas perspectivas, unas veces para poner de manifiesto la fe en los
grandes adelantos como modo de mejorar la vida de los seres humanos, pero muchas
otras para mostrar su lado oscuro, por el recelo de algunos grupos sociales
reticentes a los cambios o por las injusticias y la deshumanización que se
ocasionan en su nombre.
En
este repaso por la presencia del progreso en la literatura, vamos a centrarnos
en cuatro enfoques temáticos: los logros sociales, los avances técnicos y
científicos, las distopías y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
Los
logros sociales han sido clave para
el progreso de la humanidad y los escritores han reflejado en sus obras distintos
hitos conseguidos a lo largo de la historia: el trabajo digno, la igualdad, los
derechos sociales, etc.
“—Habréis de reconocer que
el comercio ha traído cosas buenas. Los mercaderes leemos y escribimos,
hablamos lenguas… Por nuestra influencia, en los tratos comunes se ha cambiado
de la numeración romana a la arábiga que es mucho más sencilla y práctica. Y
hemos abierto numerosas escuelas laicas, donde se enseñan saberes tan
necesarios para la vida cotidiana como son las cuentas, o escribir de manera
legible y sencilla…
—¿No os dais cuenta, maese
Brodel, de que todos estos cambios que vos consideráis avances no son más que
perversiones demoníacas, las pústulas visibles de una honda enfermedad
espiritual? ¿No advertís cuán grave y peligroso puede ser poner ciertos
conocimientos, aunque sean espurios y mediocres, al alcance de la plebe sin
formar?
—¿Y cómo se va a formar la plebe si jamás se le permite el acceso a ningún
conocimiento? —contestó Brodel con una voz contenida en la que vibraba un filo
de ira.”
Rosa Montero, Historia del Rey Transparente
Dentro de estos avances, la educación ha sido considerada un instrumento esencial en la mejoría de la humanidad, aunque muchas veces haya sido cuestionada por los detractores del progreso o simplemente por aquellos que optan por una vida más apegada a la naturaleza, como Daniel el Mochuelo en El camino.
“Su padre entendía que esto era
progresar; Daniel, el Mochuelo, no lo sabía exactamente. El que él
estudiase el Bachillerato en la ciudad podía ser, a la larga, efectivamente, un
progreso. […]
A Daniel, el Mochuelo, le dolía
esta despedida como nunca sospechara. Él no tenía la culpa de ser un
sentimental. Ni de que el valle estuviera ligado a él de aquella manera
absorbente y dolorosa. No le interesaba el progreso. El progreso, en
verdad, no le importaba un ardite. Y, en cambio, le importaban los trenes
diminutos en la distancia y los caseríos blancos y los prados y los maizales
parcelados; y la Poza del Inglés, y la gruesa y enloquecida corriente del
Chorro; y el corro de bolos; y los tañidos de las campanas parroquiales; y el
gato de la Guindilla; y el agrio olor de las encellas sucias; y la formación
pausada y solemne y plástica de una boñiga; y el rincón melancólico y salvaje donde
su amigo Germán, el Tiñoso, dormía el sueño eterno; y el chillido reiterado y
monótono de los sapos bajo las piedras en las noches húmedas; y las pecas de la
Uca-uca y los movimientos lentos de su madre en los quehaceres domésticos; y la
entrega confiada y dócil de los pececillos del río; y tantas y tantas otras
cosas del valle. Sin embargo, todo había de dejarlo por el progreso.”
Miguel Delibes, El camino
Indudablemente,
los avances técnicos y científicos han sido esenciales en la
evolución de la humanidad y también han sido protagonistas de un buen número de
obras literarias, por ejemplo, de muchas novelas de Julio Verne, así como de un
buen número de novelas históricas.
Sin embargo, en numerosas ocasiones ha sido
cuestionada su eficacia y se ha planteado si los adelantos contribuyen siempre
a hacer avanzar al ser humano o si la deshumanización que en muchos casos
conllevan supone un retroceso. El médico
y Frankenstein nos dan una visión
totalmente opuesta: en la primera, el ser humano mejora gracias a la medicina,
mientras que en la segunda se cuestiona el valor ético de esos avances, sobre
todo cuando el hombre reta al poder divino. También en El árbol de la ciencia, Baroja plantea un punto de vista diferente
desde el que el pesimismo niega toda posibilidad de alcanzar prosperidad alguna
gracias a la ciencia.
“—La medicina es como una lenta
obra de albañilería —razonó Rob—. Somos afortunados si en el plazo de una vida
podemos poner un solo ladrillo. Y si podemos explicar la enfermedad, alguien
que aún no ha nacido estará en condiciones de conseguir su curación.”
Noah Gordon, El
médico
“Usted busca
conocimiento y sabiduría, como lo busqué yo; y espero de todo corazón que el
fruto de sus deseos no sea una víbora que le muerda, como lo fue para mí.”
Mary
Shelley, Frankenstein
“… no comáis del
árbol de la ciencia, porque ese fruto agrio os dará una tendencia a mejorar que
os destruirá"
Pío
Baroja, El árbol de la ciencia
Asimismo,
han sido literariamente muy cuestionados el desarrollo de las máquinas y la
robotización de la sociedad, con una constante preocupación por el uso de las
redes sociales y de la inteligencia artificial.
Estos
viejos prejuicios han dado lugar a un género muy de moda, las distopías, que muestran el lado más
oscuro del progreso, sea del tipo que sea, con visiones apocalípticas como esta:
“No habrá lealtad;
no existirá más fidelidad que la que se debe al Partido, ni más amor que el
amor al Gran Hermano. No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota
a un enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. No habrá ya distinción
entre la belleza y la fealdad. Todos los placeres serán destruidos. Pero
siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá el afán de poder, la sed de
dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre
existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo
indefenso. Si quieres hacerte una idea de cómo será el futuro, figúrate una
bota aplastando un rostro humano… incesantemente.”
George Orwell, 1984
Recientemente se ha incorporado un nuevo enfoque del progreso con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), muy productivo en la educación actual y en la literatura. Dada la amplitud de este tema, nos centraremos sobre todo en libros juveniles que han enarbolado la bandera del progreso a través de los ODS, con aspectos como la lucha contra la pobreza, la defensa de la salud, la educación, la igualdad, la paz, el consumo responsable, la justicia, la naturaleza y el desarrollo sostenible, la lucha contra el cambio climático, etc.
“Lo fascina, escuchar historia
sobre la época en la que no existía la migración y los humanos doblegaban a la
tierra, sometiéndola sin escucharla. Resulta difícil imaginar todo eso que
cuenta la abuela Zorro sobre el pasado. No puedo creerme que nadie fuese capaz
de talar, territorios enteros de bosque, o que el cielo estuviese en negro,
como si siempre hubiese tormenta, o que el mar tuviese tanta basura, dentro que
fuese imposible navegar…
La abuela zorro comienza a contar
la historia preferida de Pez, la de los viejos hombres, que viajaban por todo
el planeta montados en carros de metal, que corrían tan rápido como el viento.
–¿Tanto como los pájaros guía?
–se anima mi hermano, sabiendo la respuesta.
–¡Más! Porque podían ir por la
tierra, por el aire y por el viento – responde ella, complaciéndolo.
–¿Y por qué ya no viajamos así?
– Porque cada paso que daban esos
carros ensuciaba, tanto que las personas comenzaron a enfermar y los campos
empezaron a pudrirse
– Y la lluvia era negra y morían
los animales – interrumpo a toda velocidad–. No sé por qué te gustan tanto esas
historias Pez.
Mi hermano no responde
rápidamente, sino que se queda pensando unos segundos.
– Porque me dan miedo.
–¿Te dan miedo esas historias?
–No. Me da miedo que se nos
olviden y volvamos a matar a la Tierra.”
Patricia García-Rojo, Migraciones
Iniciábamos
este paseo por los libros y el progreso con una pregunta: ¿Libros por un mundo
mejor? Sin duda, la respuesta es sí, a pesar de esas visiones negativas e
incluso catastrofistas que tanto éxito literario han obtenido, pero que
esperamos que se queden solo en eso, en fantasías literarias de escaso
fundamento real (aunque algunas empiecen a parecerse bastante a nuestro mundo
actual).
Desde la biblioteca, preferimos insistir en la idea de que el mejor progreso es el propio libro, el maravilloso invento capaz de contener todos los demás, la mejor puerta para alcanzar la prosperidad con mayúsculas. Por ello, cerramos estas recomendaciones lectoras con esta certera reflexión de Jorge Luis Borges: «De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es una extensión de la memoria y de la imaginación».
Libros sí, por un futuro mejor.















































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