"Social y políticamente, el
teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensión de nosotros
mismos y del mundo.
El “elefante en la habitación”
son las nuevas tecnologías y las redes sociales, que prometen conexión, pero
aparentemente han fragmentado y aislado a las personas. Uso mi ordenador a
diario, aunque no tengo redes sociales; incluso he buscado mi nombre en internet
como actor y también he consultado la inteligencia artificial para obtener
información. Pero habría que estar ciego para no reconocer que el contacto
humano corre el riesgo de ser reemplazado por relaciones con dispositivos.
Aunque cierta tecnología puede ser útil, el problema de no saber quién está al
otro lado del círculo de comunicación es profundo y contribuye a una crisis de
verdad y realidad. Si bien el internet puede plantear preguntas, rara vez capta
ese sentido de asombro que el teatro crea. Un asombro basado en la atención, el
compromiso y una comunidad espontánea de quienes están presentes en un círculo
de acción y respuesta. Como actor y creador teatral, sigo creyendo en el poder
del teatro. En un mundo que parece volverse cada vez más divisivo, controlador
y violento, nuestro desafío como creadores teatrales es evitar que el teatro se
corrompa reduciéndose únicamente a una empresa comercial dedicada al
entretenimiento como distracción, o que se convierta en un mero preservador
institucional de tradiciones. Más bien, debemos fomentar su fuerza para
conectar pueblos, comunidades y culturas y, sobre todo, para cuestionar hacia
dónde nos dirigimos…
El gran teatro consiste en
desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que
aspiramos."


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