26 de mayo de 2017

IX Concurso de Poesía y Relato Corto Francisco Salinas

Fotografia de Sara Santa Daría
   
Este año, el IX Concurso de Poesía y Relato corto Francisco Salinas ha tenido como eje central "los sueños". Os brindamos a continuación la lectura de las obras premiadas en ambas categorías, para que todos podáis disfrutar de ellas. 



1) En la modalidad de Poesía, el ganador ha sido Zakaria Baualam, de 4º ESO A,  con el poema "Mis sueños".

Aquel que está lejos es mi sueño,
cielo, noche y un día nuevo,
y una luz que ilumina nuestros ojos.
Pero eso es como una estrella lejana,
una estrella que me llama desde lejos.
Y pasa el dolor y nada ni nadie nos teme,
como si fuésemos unos niños nuevos.
Les daría la mano desde lejos.
Tal vez ellos también harían lo mismo.
Y pasan las noches oscuras,
y sigo buscando mi sueño.
Aún sigue siendo tan lejano.
El sueño que está tan lejos,
el sueño que está entre las guerras,
el sueño que está entre los políticos,
el sueño que está en nuestras manos,
el sueño que huye de las armas.
Aquellas armas negras,
que llenan el mundo de oscuridad,
donde solo los ciegos saben el camino,
el camino que te lleva a la muerte.
Pero a pesar de todo,
voy y siempre iré, escribiendo sobre las piedras.
Qué ironía del destino no poder cambiarlo a mejor,
y dentro de mí, algo que me araña, diciéndome,
tu sueño se va a ir consiguiendo.
Creo en mis sueños y eso, para mí, es suficiente.
                                                                
2) En la modalidad de Relato corto, la ganadora ha sido Cristina Portal Pérez, de 2º de Bachillerato B, con su relato "Dulce fantasía".

Sueño que me despierto a tu lado, que tu brazo derecho descansa sobre mi cintura, que tu pelo se enmaraña con el mío. Un rayo de luz cálido resalta tu bronceado, las sábanas marcan tu figura y tu respiración se acompasa a la mí; sigo soñando.
Abro los ventanales y respiro el aire fresco, es un precioso día de verano, lleno de murmullos marinos y el suave canto de un pájaro nos visita. Apareces acompañada de ese aroma a café que tanto aprecio, me lo has preparado cuidando cada detalle y a mí no se me puede escapar más que una sonrisa.
La luz nos rodea; paz, tranquilidad, amor y soledad. Tú, tan bonita como siempre y yo, tan enamorada. Todavía queda carmín en tus labios de la noche pasada y seguramente también queden restos de maquillaje en mi rostro, pero a quién le importa si tú me llenas dejando caer un suave beso en los labios.

La alarma suena a las 6:45 de la mañana y no me queda tiempo para holgazanear; ya voy tarde. Ruido, oscuridad, suciedad. La persiana está rota, medio caída hacia un lado, y deja entrar la luz de los coches que no paran de pasar, con conductores enfadados en atascos que no dejan de hacer sonar sus cláxones. La habitación es tan pequeña que me siento oprimida, muchas noches siento que no puedo respirar.
A mi lado está él, ese monstruo. El maquillaje no podrá tapar hoy los moratones que rodean mi ojo. Tendré que exponer mi infierno: me golpeé limpiando el cuchitril que tenemos por hogar, fui demasiado torpe.
Me visto apresuradamente, feliz porque voy a verla, porque me sonreirá y arreglará mi día. Antes de salir, echo la vista atrás. Qué ganas tengo de escapar de ese sombrío lugar.
Apenas llego puntual a mi puesto de trabajo. Desde la otra esquina de la oficina la veo, coqueta y presumida, sonriendo tímidamente, aunque poco puedo disfrutar de su visión; pronto una columna de interminables papeles aparece frente a mí.
La mañana la paso escondiéndome en mis quehaceres, bajo la mirada de mis compañeros. No puedo sentirme más agobiada; nadie puede hacer nada, ni quieren intentarlo, solo cotillear sobre lo que me habrá ocurrido.
El éxtasis de la mañana llega cuando ella se deja caer por mi sección, depositando una nota en mi escritorio:
Tienes que salir de esa casa ya, yo te ayudaré a escapar.
Verónica.

Pero la vida no es tan fácil, ojalá fuera posible. Estoy atada de pies y manos y sin necesidad de una cuerda que me amarre. Tan herida que lo único que me queda en esta vida son los deseos inalcanzables y fabulosos.
Me llaman a dirección y es él.
— ¿Cómo se te ocurre aparecer así en el trabajo y ponerme en esta situación? Solo sabes dejarme en evidencia. Niega cualquier insinuación sobre si ha sido culpa mía.
— Lo siento, esta vez no pude ocultarlo. No he querido dejarlo ver.
— Tendré que ser más duro contigo, Bea.
Comencé a temblar, me sentía indefensa, diminuta, invisible. Dolía casi más por dentro que por fuera. Me había robado la vida. Mis lágrimas caían involuntariamente y yo estaba presa del miedo y de la ansiedad.
— ¿Por qué me tienes miedo? Yo me preocupo de ti e intento cuidarte, solo hago lo mejor para ti, todo esto es por tu bien. — Se acercó hacia mí, cuidadoso y sonriendo, como en nuestros primeros días donde sus brazos significaban para mí seguridad. Intentó acariciar mi cara, pero no pude evitar retirarme y rechazar su tacto. Él se enfadó. — Muy bien, Bea, tú lo has querido.
Intenté refugiarme.
Era imposible.

Si vienes a bailar conmigo, te regalo mi canción al oído. Una casa junto al mar, mil estrellas que contar, un café al despertar, conmigo. Sálvame, Verónica. Ayúdame.

Enhorabuena a ambos. Y ya sabéis, os esperamos a todos en la décima edición.

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